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Actualizado el 16/08/2015
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Pedro Lemebel: Larga ovación a la fierecilla dormida

Autor: Pedro Bahamondes Ch.

A siete meses de la muerte de Pedro Lemebel, el artista vuelve a escena. Esta semana, un simposio revivió al autor de Tengo miedo torero, y el jueves 27 debuta La ciudad sin ti, obra teatral inspirada en sus crónicas. No es todo: la Cámara Chilena del Libro y editorial Planeta planean un acto y la reedición de sus libros para la Filsa. En 2016, además, un documental develará sus últimos años de vida.

Pedro Lemebel: Larga ovación a la fierecilla dormida

TENÍA estrictamente prohibido ponerse en pie y salir de su habitación. Pero en la Fundación Arturo López Pérez, donde llevaba semanas internado desde fines del año pasado, luego de que se ramificara el cáncer de laringe que le fue diagnosticado en 2011, sabían que Pedro Lemebel estaba lejos de ser un paciente cualquiera. El pasado 7 de enero, una multitud lo esperaba en el GAM para rendirle homenajes, pero nadie -ni los organizadores de Santiago a Mil ni sus amigos ni fanáticos, nadie- sabía si el cronista aparecería.

Horas más tarde, esa misma noche, su amiga y actriz Claudia Pérez se cambiaba de ropa detrás del escenario junto a otros cercanos al artista, cuando alguien les sopló el rumor de que Lemebel iba en camino: había burlado los protocolos y conseguido que su doctor le diera el alta médica bajo su responsabilidad. Las mismas enfermeras que lo cuidaban día y noche lo vieron salir del edificio en calle Rancagua, rumbo al reencuentro con sus lectores. A bordo de un auto, el autor de De perlas y cicatrices, Yegua del Apocalipsis y profesor de Artes Plásticas, Pedro Mardones, el hombre que declamó en mitad de los 80 su manifiesto marica sobre dos tacones, contempló por última vez la ciudad que fue escenario de sus andanzas nocturnas. 

Entre sus manos sostenía un ramo de rosas rojas pegado al pecho. Se las había obsequiado la documentalista Joanna Reposi, a quien conoció varios años antes, mientras ella era realizadora en El show de los libros. “Iba muy emocionado. Creo que hasta había olvidado el riesgo que corría al asistir, pero él necesitaba volver a estar con su público, sentir el cariño de la gente”, recuerda Reposi. Finalmente apareció, sin presentaciones ni fanfarrias, sobre una silla de ruedas y con sus manos en alto. El aplauso con que fue recibido esa noche debió arrebatarle las palabras que ya no podía pronunciar. 

El 23 de agosto se cumplirán siete meses de la muerte de Pedro Lemebel. Escoltado aquella vez por más de 600 personas, entre fanáticos, autoridades y cercanos desde la Iglesia de la Recoleta Franciscana, donde fue velado, hasta el Cementerio Parque Metropolitano, sus restos reposan desde entonces junto a los de su madre, Violeta Lemebel. 

Los primeros homenajes póstumos comenzaron esta semana con el III Simposio Pedro Lemebel: Nuevas Lecturas, organizado por el Magíster en Literatura Latinoamericana de la U. Alberto Hurtado, el Centro de Investigación y Documentación de Chile Contemporáneo (Cidoc) de la U. Finis Terrae y el Departamento de Literatura de la U. de Chile. La conferencia La frida no envejeció. Políticas de la memoria en la performance y la escritura de Pedro Lemebel abrió la jornada, que tuvo a más de 20 académicos en charlas, conferencias y mesas en torno a su obra, y que se extendió hasta el miércoles pasado, encabezada por Fernando Blanco, de la U. de Bucknell. 

“Se le abordó desde varias lecturas y concepciones: como artista, performista y escritor”, cuenta el narrador y amigo suyo, Juan Pablo Sutherland. “Creo que su obra, aunque fue sumamente reconocida mientras vivió, se seguirá leyendo aún más con los años, pues instaló varios temas -como la educación gratuita, el movimiento homosexual, la homofobia y tantos otros- que hoy están en la esfera pública y remecen al país. Lemebel supo adelantarse a los tiempos y eso es algo que sus lectores saben y valoran”, agrega. 

Bajo el pedestal de la academia, los ecos de su obra también llegarán a las tablas: el próximo 27 de agosto, en Matucana 100, debuta La ciudad sin ti, codirigida por Claudia Pérez y Rodrigo Muñoz, de la compañía Chilean Business. “Es un homenaje teatral inspirado en varias de sus crónicas. Margarito, Del Carmen bella flor, Carta abierta a Mister Piñi, Los funerales de la Candy, La leva y  otras”, dice Pérez. Protagonizado por la pareja de actores, además de Claudia Vergara y José Luis Aguilera, la puesta en escena será también un recorrido sonoro por los gustos musicales y personales de Lemebel. “Hay de todo, como a él le gustaba y quería. Baladas, rock político, como Los Prisioneros, y hasta un tema central -Vestidito de niña-, compuesto por Manuel García para este montaje”, cuenta Muñoz.

En tanto desde Planeta, la que fue su casa editorial, anuncian para el próximo año el lanzamiento de Mi amiga Gladys, la recopilación de crónicas que retrata su amistad con , Gladys Marín la dirigenta y diputada del PC fallecida en 2005. Pero ya en la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Santiago (del 23 de octubre al 8 de noviembre) se le recordará en grande. El sábado 7 de noviembre, a las 20 horas, habrá un evento en la Sala de las Artes del Centro Cultural Estación Mapocho. “Es un homenaje en conjunto con la Cámara Chilena del Libro que contempla un número musical, performance y lecturas de sus textos a cargo de Claudia Pérez, Vanessa Miller, Liliana García, Jaime Lepe, Juan Pablo Sutherland y Carmen Berenguer”, cuentan. Ese mismo día aparecerá una edición especial con todos sus títulos, desde La esquina es mi corazón (1995) hasta Háblame de amores (2012), todos dentro de una caja.

Luego, a mediados de 2016, Joanna Reposi estrenará Lemebel, el documental que hace siete años la tuvo registrando al artista en su rincón más íntimo. “Acabo de postularlo a fondos nacionales y al CNTV para montarlo y terminarlo, pero sin duda la línea narrativa cambió, pues nadie -ni él- esperaba que falleciera tan pronto”, dice su directora. 

Lemebel infiltrado en  marchas, en su departamento del Parque Forestal y hasta su retorno al Zanjón de la Aguada para un 11 de septiembre, articulan un largo trayecto interrumpido por la enfermedad que finalmente acabó con su vida. “Ese mismo cáncer lo salvó en muchos aspectos”, opina Reposi. “En sus últimos años comía sano, y no bebía ni fumaba. Más que nunca, tenía ganas de estar vivo”.

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