Columna de Daniel Matamala: La Rabia

Emisión televisiva de la franja electoral de cara al plebiscito de diciembre.


Hace 35 años, en la primera franja televisiva de la historia de Chile, la campaña del No fue una emoción. Una emoción positiva: alegría. Esperanza, unión, futuro, concordia. Con un arcoíris como emblema y un himno pegadizo como banda sonora.

Esa decisión no era nada obvia. Tras 15 años de dictadura, lo lógico parecía lo contrario. Eran, hasta entonces, 15 años de silencio, como había dicho en su primera oportunidad en televisión un impetuoso dirigente llamado Ricardo Lagos. La franja debería hablar por esos 15 años, denunciar los horrores de la dictadura y promover el “No” a la muerte, la violencia, la represión y la miseria.

En cambio, se optó por una paradoja. Decir “No” con una sonrisa. Convertir ese “No” en una afirmación antes que una negación, en una palabra positiva sobre lo que venía por delante.

Como sabemos, el “Sí” hizo todo lo contrario. Llenó su franja de miedo, sangre y violencia. Del terror que, advertían, venía a lomo de caballo con los jinetes del apocalipsis del marxismo.

El “No” presentaba un Chile del futuro, en colores. El “Sí”, un Chile del pasado, en blanco y negro.

Es exagerado afirmar que la franja definió el plebiscito. Pero sí marcó por décadas la forma de hacer propaganda. Quedó grabado a fuego que en Chile las campañas negativas no servían. De ahí en adelante, el tono del “No” sería considerado el ejemplo a imitar. Su música y sus colores fueron plagiados hasta el hartazgo, por derechas e izquierdas.

La campaña del miedo del “Sí”, en contraste, quedó estigmatizada como un fracaso, un hazmerreír que debía ser evitado como la peste por las campañas políticas.

Hasta ahora.

Esta semana, la campaña del “A Favor” sacó cuentas alegres. En las encuestas estrecha la distancia con el “En Contra”, y lo atribuyen a una frase en que están poniendo todas sus fichas: “Que se jodan”.

Por eso doblan la apuesta. #AFavorYQueSeJodan es el nuevo lema, con jingle de campaña incluido, lo más burdo posible: “que se jodan, tu platita van a robar”; “que se jodan, los que cletean sin trabajar”.

Las lecciones de hace 35 años parecen haber caído al basurero de la historia. Ahora, las emociones negativas asoman como la clave para ganar.

De hecho, impacta ver las similitudes entre las franjas del “Sí” en 1988 y el “A Favor” en 2023. Ambas, aunque representan la opción positiva, son un reguero de violencia, fuego y miedo.

“Tiene el sentido de interpretar la rabia y frustración que tienen millones de chilenos”, dice el presidente de la UDI, Javier Macaya. “El ‘que se jodan’ nace de la rabia de ver al gobierno bailando, andando en bicicleta y, al mismo tiempo, tienen secuestros”.

Según una nota de La Tercera, en el comando del “A Favor” se intenta “dar energía al ambiente político con mensajes provocadores. “Pero para que funcione tiene que haber gente enojada”, dice un conocedor de la estrategia”.

Y si la gente no está tan enojada, hay que enojarla (y asustarla) más. Para ganar hay que azuzar esa rabia.

El presidente de RN, Francisco Chahuán, asegura que “todos conocemos a alguien que fue secuestrado”. Su colega del Partido Republicano, Arturo Squella, divide entre “los que instalan barricadas y los que perdieron la paz en sus barrios. Los que indultan terroristas y las víctimas del terrorismo. Los que quieren seguir igual y los que estamos ‘A Favor’”.

El empresario Juan Pablo Swett asegura que “los terroristas, los extranjeros delincuentes, los delincuentes de corbata y los políticos corruptos”, “seguro votarán ‘En Contra’”.

La rabia ya venía ganando espacio en el debate político en los últimos años. Fue una de las movilizadoras del estallido, y se coló en las campañas de izquierda, con spots como el de “ganas de cambiar este país culiao” (Apruebo, 2020) o “se murió Piñera” (Lista del Pueblo, 2021).

Pero aún parecía marginal. La franja del Rechazo en 2022 incluso copió un spot del “No”. La caminata por el puente fue la imagen de su eslogan “Una que nos una”. Y se rechazaba explícitamente la rabia. Uno de sus clips decía que “la nueva Constitución está mal hecha, porque se hizo con la emoción equivocada: la rabia”. El coordinador de campaña Bernardo Fontaine aseguraba entonces que “la Constitución se hizo con rabia, y con rabia nada sale bien. Por eso necesitamos ir por una mejor, basada en el amor a Chile”.

Un año después, la campaña a cargo del mismo Fontaine dice exactamente lo contrario. La rabia ya no es “la emoción equivocada”, sino un sentimiento que debe ser interpretado y fomentado.

¿En verdad es eso lo que nos define a los chilenos? ¿La rabia? No es tan claro. Cuando la encuesta DataInfluye pregunta “¿cuál calificativo define mejor su ánimo ante este nuevo proceso constitucional?”, la cautela, con 15%, y la esperanza, la resignación y la rabia, todas con 14%, comparten los primeros lugares.

Pero parte de nuestra clase política está convencida de que es solo la rabia la que puede ganar esta elección. Están encandilados por la victoria republicana en la elección de mayo, con una franja repleta de violencia y miedo, y con el triunfo del discurso agresivo e insultante de Javier Milei en Argentina.

Poco importa que estemos hablando de aprobar una Constitución que, “con amor”, debía ser “una que nos una”. Nada importa lo frágil que resultaría un texto nacido, no del consenso, sino del enfrentamiento. Da lo mismo que se haya abandonado el debate sobre lo que efectivamente dice el proyecto, ni que sea imposible construir sobre emociones negativas.

Tampoco parece sopesarse el peligro de hacer crecer una rabia que es un Frankenstein incontrolable, un monstruo que nos lleva a una política de tierra quemada, a una lógica de amigos contra enemigos.

Este proceso prometía unirnos en torno a una compartida “casa común”. Ahora, amenaza con enseñar que el triunfo político se logra atizando nuestros peores sentimientos hacia otros compatriotas, emporcando nuestro hogar compartido.

Dándole la razón, con 35 años de rezago, a esa infame campaña del Sí.

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