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Actualizado el 12/09/2015
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Tierna y feroz: Paulina Flores y el Chile de los 90

Autor: Aldo Perán

Nueve cuentos integran Qué vergüenza, el libro debut de Paulina Flores. Nueve historias que hablan de fracasos, pobreza y de inocencia interrumpida.

Tierna y feroz: Paulina Flores y el Chile de los 90

Después del terremoto de 2010, Paulina Flores encontró este grafiti en Talcahuano: “Nos reímos de nuestra pobreza porque nuestra pobreza nos hace fuertes”. Ese actitud, dice ella, licenciada en Literatura y ganadora del premio Roberto Bolaño 2014, es el que intentan transmitir las historias de Qué vergüenza, su primer libro de relatos. Un volumen que transita entre Independencia, Ñuñoa y Talcahuano, donde a menudo aparecen las palabras pobreza y cesantía,  donde los hijos son testigos de los fracasos de sus padres y se aproximan al fin de la inocencia.

Por la mañana hace clases y por la tarde escribe en cafés o bibliotecas. Así Paulina Flores fue armando sus relatos. Uno de ellos lo presentó al taller de Alejandro Zambra, donde estaba también Rafael López, director de la editorial Hueders, quien se interesó por su trabajo. Ese fue el origen de Qué vergüenza, que llega ahora a librerías y se presenta el próximo martes en Estudio Panal.

 Nació en 1988. Vivió sus primeros años en Conchalí y realizó sus estudios secundarios en la Academia de Humanidades de Recoleta. Estudió Literatura en la Universidad de Chile y el año pasado fue la ganadora del Premio Roberto Bolaño con el relato Qué vergüenza, que da título a las nueve historias.

Paulina Flores podría ser ella misma un personaje de novela. Se fue de su casa muy joven. Trabajó de garzona y bibliotecaria. Estudió un semestre Pedagogía y el escenario la sobrepasó. Su objetivo era entonces, cuenta, no hacer algo importante para dedicarse a escribir. Nada que tuviera que ver con la academia o la literatura. “Necesitaba tener tiempo libre para poder escribir, de lunes a viernes por lo menos”.

Son dos épocas las que marcan el pulso de las historias de Paulina Flores. La década del 90 y el Chile en los tiempos de Facebook. El contexto del país durante la crisis asiática, y las consecuencias que generó la desaceleración económica están en varias de estas historias: la precariedad material y el cambio en los hábitos de las personas componen la trama de estas narraciones. El retrato de una población, la historia de un grupo de jóvenes ninjas en Talcahuano, las vacaciones de un niño que entendió el fracaso de sus dos padres, una amistad infantil truncada por los errores de los padres (“Porque eres la hija de la nana, y porque eres pobre y no tienes papá”). La vida cotidiana de los 90 es contada por una hija de la transición, y con ello, los temas que se esconden debajo de la alfombra.  

Lo que le interesa compartir es una idea que desarrolla en varios de sus relatos y es que “ahí donde los protagonistas, frente a la marginalidad, deciden alejarse o retornar a ella, lo que está operando detrás es la toma de conciencia de sus orígenes. No todo es salir de la población. Lo que se puede apreciar en estas historias es darse cuenta cómo Chile entero está obsesionado por salir de la población. Todo tiene que ver con eso”. 

Asegura que no es profesional en nada y que está dedicada completamente a escribir. Paulina Flores entiende que las reglas del juego implican que pueda perder. Durante un tiempo las presiones sociales la hicieron dudar. “Que tus compañeros estén trabajando, estudiando posgrados y tú no. Que tu familia te pregunte por lo que estás haciendo y que no sepas decir algo. Que tus amigos viajen por el mundo, se tomen fotos, las suban a Facebook y que cuando te pregunten en qué estás, simplemente digas que estás escribiendo”. 

Otro de los ejes que articula sus relatos es la infancia. Son niños quienes protagonizan estas historias. Niños sin padre. Niños que tienen relaciones conflictivas con sus madres. En algunos casos los abandonan. Quien narra el relato Teresa se pregunta: “¿Quién no le cree a un niño? ¿Quién desconfía de los propósitos de sus acciones? ¿Es que existen tales propósitos siquiera?”. Para la escritora, esta obsesión por los padres -sus ausencias o presencias insoportables, sus miedos y derrotas- tiene origen en la intención de mostrar cómo es que heredan a sus hijos experiencias de las cuales, en muchos casos, no se pueden deshacer. Los personajes de sus historias “buscan no tanto reclamar contra la idea de familia y sus miserias, sino más bien entender y conseguir articular una respuesta a aquellas situaciones que les afligen, mirando en retrospectiva y comprendiendo su origen”, dice. En la infancia se está más desprotegido y vulnerable. Sin embargo, en la juventud uno no puede seguir resguardándose en eso: “La juventud es el comienzo del ‘sin llorar’, y es justamente eso lo que algunos de los personajes de Qué vergüenza hacen. Fracasar en esa empresa y seguir añorando en la actualidad lo que ya no volverán a poseer”.

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