Raúl Ruiz cumple 70 años y un extenso ciclo recoge sus mejores películas

El cineasta, que tiene 113 filmes y aún sigue delicado de salud, prepara una gran producción sobre la invasión napoleónica a Portugal.




Raúl Ruiz tenía una costumbre: hablar de proyectos, muchos proyectos. Solía realizar una película y pensar en dos o tres bajo la manga, a tiro de cañón, con contratos firmados, actores dispuestos, locaciones vistas. Así fraguó su obra de 113 películas, una marca de creatividad esparcida por 48 años de carrera, desde que en 1963 realizara el corto La maleta, con Héctor Duvauchelle.

Pero ya no. El trasplante de hígado del 2010 fue duro y la recuperación lenta. Por eso ahora sólo habla del presente, del pasado y de lo que le gustaría rodar si es que la salud le permite ponerse firme como un roble otra vez. Ese único proyecto se llama As linhas de torres, una película sobre la invasión napoleónica a Portugal y de la que advierte: "Ya debería estar trabajando en ella, pero el cuerpo no me ha acompañado. Estoy medio anémico". Luego se anima solo: "Pero los uniformes ya me llegaron. Vienen de China".

La película, que es producida por el portugués Paulo Branco y por capitales franceses, es según Raúl Ruiz, "tres veces más cara que Misterios de Lisboa", su ya oneroso filme anterior. Pero es también, involuntariamente, una manera gloriosa que tiene el director para llegar trabajando contra viento y marea a los 70 años. Aunque sea, a diferencia de otras épocas, el único proyecto que se vislumbre en su horizonte.

Hoy lunes, Ruiz entra en la setentena y con ocasión de tal aniversario, la Cineteca Nacional del Centro La Moneda presentará 17 películas entre ese día y el 7 de agosto (www.ccplm.cl). Es una de las muestras más extensas que se ha hecho en el país y hay curiosidades: la primera es ¿Qué hacer? realizada en 1970, en el marco de las elecciones que ganó Salvador Allende y que fue financiada por estadounidenses de izquierda.

"Yo excomulgué a ¿Qué hacer? No es mía. Participé, pero en realidad es de los norteamericanos. Fueron muy acaballados para trabajar conmigo y me terminé enojando. Ninguno de ellos era un profesional en ese tiempo, salvo Sal Landau". Mezcla de ficción con realidad, ¿Qué hacer? es la historia de un comunista que vive en una casa de lujo, un agente de la CIA, un cura revolucionario y una chica del Cuerpo de Paz estadounidense. A pesar de que Ruiz se desliga de la producción y de que el tono no deja de ser pro Allende, el trabajo trata con ironía los discursos de la izquierda. "Actuaba Country Joe McDonald, en ese tiempo una auténtica estrella. Había sido pareja de Janis Joplin, si es que se puede hablar de parejas durante la revolución de las flores. Todo era relativo", cuenta.

Sobre el ciclo de la Cineteca, el director reconoce que es una tarea dura armar una retrospectiva con sus películas, no todas fáciles de hallar: "A estas alturas ya soy como un supermercado: se pueden sacar desde golosinas hasta platos de fondo entre mis películas. Lo que caracteriza a esta muestra es que privilegia las películas que hice en Chile antes del golpe y que los franceses llaman bricolé, es decir, hechas con el alambrito, baratas".

El título más renombrado de este grupo es Tres tristes tigres, con la que se hizo conocido en el extranjero, al ganar el Festival de Locarno 1969: "Fue una sorpresa estar en ese festival. Allá la compró la televisión y con esa plata me pude comprar el pasaje de vuelta, porque sólo tenía el de ida. La verdad es que no sé si gustó o no. No hubo ni aplausos de pie ni nada por el estilo. Pero inmediatamente recibí comentarios de que en el jurado se interesaron por estos borrachines que deambulan de bar en bar. Yo los maquillé con vaselina en pleno verano, para reivindicar nuestra condición de 'grasas', que es como los europeos nos suelen llamar".

Del período europeo del realizador hay siete filmes. Uno es La vocación suspendida (1978), primera cinta francesa de Ruiz y según el crítico Jonathan Rosenbaum, una de sus "más difíciles". "No sé qué vaya a pensar la gente de esa película a estas alturas. Pero es en doble clave: para el autor de la novela, sobre la intelectualidad francesa, y para mí, sobre la izquierda chilena". Otro título es Las tres coronas del marinero (1983), que recoge el mito del Caleuche. "La primera vez que volví a Chile lo hice con esa película. Se la mostré a mi padre, que era marino mercante y reconoció todas las leyendas".

Inclasificable como cineasta ("no soy de seguir corrientes, aunque en los 60 iba a ver las de Cassavetes que traía la embajada americana"), Raúl Ruiz dice estar "fuera de combate" en lo que a concursos se refiere. "Nunca me han gustado los festivales", reconoce.

Sobre el éxito unánime de críticas de Misterios de Lisboa aventura a teorizar que es porque es "una historia de folletín, telenovelesca, de problemas cotidianos, pero que son los más profundos también".

El día a día también le pasa la cuenta a él , que monta apurado La noche de enfrente, la cinta que rodó en marzo en Chile y que se estrenaría antes de fin de año acá. Sin embargo, lo más urgente es lo otro, los achaques, poder sacudirse los remanentes del trasplante del 2010 y comenzar a rodar su filme napoleónico. ¿Se podrá hacer este año?: "Veremos, veremos", dice.

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