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Actualizado el 16/05/2015
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Lemebel después de Pedro: los planes en torno a su legado

Una recopilación de crónicas que rescata su férrea amistad con Gladys Marín, una novela inconclusa y hasta una obra de teatro son el destino y oculto patrimonio del artista fallecido el 23 de enero. También una fundación o un premio con su nombre.

Lemebel después de Pedro: los planes en torno a su legado

Ese departamento en el cuarto piso de un edificio retro que vigila el Parque Forestal, en medio del gay town, como él le llamaba, aquel rincón huérfano del sol y con vista al surponiente que fue escenario de cumpleaños,  fiestas improvisadas y donde coló incontables amores, permanece mudo y bajo llave. 

El vacío que Pedro Lemebel dejó con su muerte, el pasado 23 de enero, cuando esa madrugada el cáncer secuestró la vida del artista visual y cronista chileno de 62 años, aún desata el llanto de sus cercanos. Casi cuatro meses han pasado desde su bullicioso adiós, un funeral al que asistieron más de 600 personas, entre fanáticos, autoridades políticas y culturales, y que recorrió desde la Iglesia de la Recoleta Franciscana, donde fue velado, hasta la tumba número 560 de la manzana B4, en la Avenida Los Ceibos del Cementerio Parque Metropolitano. Allí reposa junto a su madre, Violeta, bajo su retrato más característico: serio, estoico, de sudadera negra y una pañoleta roja salpicada de estrellas negras cubriéndole la cabeza, Lemebel sigue seduciendo y atrayendo a desconocidos a regalarle una flor.

“He ido varias veces a verlo, y nunca he encontrado flores marchitas”, cuenta su amigo, el librero y galerista Sergio Parra, quien desde ese mismo día asumió la vocería del hermético entorno familiar al que Lemebel resguardaba como una pantera a sus crías. La última vez que lo visitó en el cementerio, recuerda, fue el 1 de mayo: “Le canté la Internacional y me quedé varios minutos ahí. A ratos se asomaba gente que lo reconocía, me preguntaban quién era yo y les decía que había venido a ver a mi amigo, a mi hermano, mi familia”.

Ambos pasaron sus últimas vacaciones juntos, en 2014. Junto a Fabián Casas y otros amigos arrendaron una casa en Isla Negra por 15 días. “Le encantaba la playa, el sol, el mar”, dice Parra. Fue la última vez que el autor de Tengo miedo torero (2001) estuvo fuera de Santiago y, además, la ocasión perfecta para rematar El éxtasis de delinquir, la que iba a ser su segunda novela. La historia, adelantaba el propio Lemebel, se centraba en Patricio Egaña, personaje del hampa local que en 1996 obtuvo el indulto presidencial tras 12 años en prisión, gracias a la escritora Matilde Ladrón de Guevara, y cuyo cuerpo apareció desfigurado diez años después en un roquerío en Quintero. “Como nadie se ha metido en su computador desde que falleció, no se sabe cuál es el estado de la novela”, dice Parra. Algunos cercanos, sin embargo, aclaran que el borrador quedó inconcluso. Que, probablemente, nunca llegue a librerías. 

Mientras se concreta la posesión efectiva de sus dos propiedades (su antigua casa en Barrio Bellavista y el departamento en calle Santo Domingo), lo más próximo, y que mantiene ocupados a Parra y a la familia del autor -encabezada por el único heredero de Lemebel, su hermano Jorge-, será la publicación de Mi amiga Gladys, otro título que el escritor había anunciado en entrevistas. “Son alrededor de 20 crónicas de su amistad con Gladys Marín -la líder del Partido Comunista fallecida en 2005-, y que ya están en un 99% en manos de Josefina Alemparte, de editorial Planeta. Es un compromiso que Pedro tenía”, afirma Parra. 

“Tengo varias crónicas de Mi amiga Gladys en mi poder”, añade Alemparte, “pero quedamos en ver si tenía algo más en su computador para sumar al libro. Quizás hay otra crónica que podría ser pertinente incorporar. Nadie, que yo sepa, se ha metido en eso todavía. Y si alguien lo hace, va a ser Sergio (Parra)”.  

Desde la familia, Valentín Segura, esposo de Daniela Mardones, sobrina de Lemebel, corrobora que, hasta ahora, no se ha escarbado entre los objetos personales del artista visual que a fines de los 80 fundó el colectivo Las Yeguas del Apocalipsis, junto a Francisco Casas. “Los procesos se están llevando con la calma debida para dar continuidad a su obra e imagen. Difundirlo es lo que más nos importa y, mientras aún vivimos el duelo, lo mejor es hacerlo sin prisa. Por ahora, solo puedo decir que sus archivos no se venderán en Chile ni a ni una universidad extranjera”, afirma. “Lo que estamos barajando como opción es levantar una fundación con su nombre”, agrega. 

Será el propio Parra, quien es más de la idea de fundar un Premio Pedro Lemebel, el que se encargue de los asuntos editoriales. “Hay dos contratos vigentes, uno con Planeta y otro con Ediciones UDP (donde el autor publicó la antología Poco hombre, en 2014), y Pedro recibía, como cualquier autor, el 10% de las ventas. Eso se mantiene igual. Su familia, en tanto, que ha sido sumamente respetuosa con su obra, me ha  solicitado que la asesore en esto. Nada se va a publicar sin permiso mío ni de ellos. Y si yo no puedo hacerlo o seguir haciéndolo, consultaré con la persona que esté más capacitada”, dice Parra. 

Pero cuando se trataba de la edición de sus libros, Lemebel exigía que toda portada fuese una imagen hecha o escogida por él. También, y en varios de ellos, insertar un cuadernillo de fotografías en el medio: “No se modificará la visualidad de ni uno de sus libros”, dice Parra, y luego cuenta que para Mi amiga Gladys, fue el autor quien había elegido dos posibles fotografías para la tapa: “Aparecerán tal y como se conocieron en los 90, en la calle, marchando para esclarecer los oscuros episodios de la dictadura”, dice Parra. 

Hasta este fin de semana, en su galería Metales Pesados Visual, se exhibirá Arder, la muestra que reúne varias obras de Lemebel y que ha sido vista por más de tres mil personas. “Están avaluadas entre 1.800 y 12 mil dólares, y se han vendido harto”, dice.

El arte que no lo sedujo

Que a Lemebel no le gustaba el teatro no es un enigma, aun cuando en sí mismo parecía vivir una puesta en escena. Bien lo saben los actores Claudia Pérez y Rodrigo Muñoz, quienes han montado De perlas y cicatrices (2000), Tengo miedo torero (2001) y Cristal tu corazón (2008). El 20 de agosto, en Matucana 100, y con Tito Bustamante en el elenco, estrenarán La ciudad sin ti, codirigida por ambos, y que hará un recorrido por su escritura, desde Margarito, La leva y otras crónicas contenidas en Háblame de amores (2013). “La música la está componiendo Manuel García, quien hizo un estudio de la música que a él le gustaba”, dice Pérez. 

En la habitación de la Fundación Arturo López Pérez donde Lemebel pasó sus últimas horas, esbozó los vestuarios y el maquillaje para el montaje. Fue ahí, además, donde el Premio José Donoso 2013 hizo su última performance. Parra la recuerda así: “Fue una semana antes de morir. Se puso la bandera del Partido Comunista y se pintó la uniceja, como en Las dos Fridas”. Ya sin Francisco Casas a su lado, Lemebel replicó la famosa imagen capturada por el fotógrafo Pedro Marinello en 1989.

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