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Actualizado el 20/09/2017
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La voz de los 70

Autor: Denís Fernández

Con Unión y Everton convertidos de nuevo, como hace cuatro decenios, en los animadores del torneo chileno, La Tercera echa la vista al pasado para reconstruir, de la mano de dos de sus históricos campeones, aquella rivalidad de leyenda. Y para evaluar la lucha que viene.

La voz de los 70

Hacía casi 40 años que no se veían Francisco Las Heras y Mario Galindo. El último encuentro entre ambos -cuentan- se había producido dentro de una cancha, cuando los dos eran aún jugadores profesionales y cuando todo parecía aún posible en el fútbol. El primero era entonces un polifuncional centrocampista formado en la U, pero ungido, con el tiempo, tricampeón con Unión Española; y el segundo un incansable lateral con sangre alba que venía de guiar a Everton a la cumbre. Corrían los años 70 y aires de cambio en Chile. En la política y en el fútbol.

Hoy, sin embargo, en esta soleada mañana santiaguina de mediados de septiembre, se diría que todo es distinto, salvo la disputa en la cabeza de la tabla del Torneo de Transición entre hispanos y ruleteros, primeros y segundos clasificados, respectivamente, con 16 y 14 puntos. Es por eso que Las Heras y Galindo están ahora aquí, en la tribuna del estadio Santa Laura (escenario de tantas batallas) para hablar de aquel fútbol, su fútbol. Porque precisamente hoy el balompié criollo vuelve a destilar aquel aroma inconfundible. El de los 70, la década dorada de Everton y Unión, aquel extraño gobierno bipartito.

“El fuerte, en realidad, era Unión. Porque llegó un momento en que Colo Colo se desarmó y la gran mayoría de sus jugadores se fueron marchando. El Negro Ahumada, Leonel Herrera, Rafael González, Carlos Caszely… Y Unión se convirtió en el equipo que ganaba todo, un equipo inmenso”, comienza a relatar, con palabras lentas, Mario Galindo (66), seleccionado nacional en los Mundiales de 1974 y 1982, diamante en bruto de la cantera de Colo Colo 73, pulmón del inolvidable plantel de Everton que volvió a bajar una estrella al césped de Sausalito un cuarto de siglo después de su último corona y, para muchos, uno de los mejores laterales derechos que ha alumbrado el fútbol chileno.

Sentado a su lado, Pancho Las Heras (68), miembro de excepción de aquel plantel “inmenso”, simplemente sonríe. Y precisa, a propósito de la conformación del que todos coinciden en tildar como el mejor plantel de la historia del conjunto hispano: “¿Sabes por qué Unión tuvo tantos triunfos y fue tan importante en la década de los 70? Porque la directiva que había en esa época invirtió. Y se llevó a los mejores jugadores. Leonel Herrera, Rafael González, el Pollo Véliz, el Flaco Spedaletti. Y todos ellos vinieron a Unión, aunque eran de Colo Colo. Y no sólo de Colo Colo, llegaron de varios clubes. Había una gran cantidad enorme de jugadores que en ese minuto era top”.

La dinastía de Unión Española durante el citado decenio arrancó, paradójicamente, en 1973, un año asociado en el imaginario colectivo del hincha chileno a otro equipo. Algo que consigue enervar todavía hoy, aunque de forma momentánea, al siempre conciliador Pancho Las Heras. “Todavía se habla de Colo Colo 73, pero Colo Colo 73 fue la Copa Libertadores, porque llegó a la final. Pero el campeonato del 73 lo ganó Unión de punta a punta. Prácticamente perdimos un solo partido en el año y cuando faltaban tres o cuatro fechas ya éramos campeones. Fue una época espectacular”, se apresura a proclamar el ex mediocampista, campeón con la casaquilla roja en los campeonatos de 1973, 1975 y 1977, con un orgullo incontenible.

Un gallito histórico

Tras la consecución de dos premonitorios subcampeonatos en los albores de la década, Unión Española, manejado desde los despachos por Abel Alonso y dirigido desde la banca por Luis Santibáñez, dio su particular Golpe de Estado al fútbol chileno en 1973, el mismo año en que el inicio de la dictadura transformó el panorama político y social del país. Y también, en cierto modo, el deportivo, como señala Galindo: “El fútbol se convirtió en una vía de escape esos años, una distracción para la sociedad, pero lo político estaba presente. Nosotros visitábamos a Allende muy seguido. Ganábamos, íbamos afuera y nos acompañaba, y bueno, después nos tocó también visitar a Pinochet”.

En 1974, Huachipato se coló en la fiesta de los modestos, pero sólo un año más tarde, en el 75, Unión recuperó su cetro. Y lo hizo con autoridad. El cuadro de Independencia no sólo logró un nuevo campeonato nacional, sino que alcanzó la final de la Copa Libertadores (la misma hazaña que había firmado dos años antes aquel legendario Colo Colo del 73 en ese año que, en parte, había sido también hispano). Independiente de Avellaneda se quedó, sin embargo, con la corona en el tercer partido de definición. “El fútbol chileno hoy, a pesar de que se pagan sumas exorbitantes, yo creo que no está en las condiciones de volver a hacer aquello. Y de hecho se está notando porque ya no llegan jugadores de la categoría de los refuerzos que llegaban antes, el Tano Novello, Pinina Palacios, Sarnari, montones de jugadores. Lo que están intentando ahora los clubes es traer jugadores que no son conocidos afuera, que no les cuestan mucha plata y apostar a que les den resultado”, reflexiona Las Heras, un bailarín de las postrimerías del Ballet Azul reconvertido en guerrero en Santa Laura. Y Galindo, que se ha quedado un rato ensimismado mirando el césped del recinto sobre el que se ejercitan hoy los nuevos futbolistas de Unión, con el gesto taciturno de quien lleva 15 años sin patear una pelota de fútbol, se incorpora sobre su butaca y sentencia: “Everton y Unión fueron instituciones grandes de esos años. Hicieron inversión, llevaron jugadores de buen nivel y se armaron”.

1976 fue el año de la gran batalla, una que perfectamente podría revivirse este semestre, en el que, por cierto, ambos equipos no se verán las caras hasta la última fecha. Pancho Las Heras emigró al fútbol mexicano y Mario Galindo, con libertad de acción, firmó por Everton en plena estampida de celebridades de Colo Colo. Hispanos y ruleteros pelearon el título palmo a palmo y finalizaron el torneo con las mismas unidades, 53. Pero fueron los viñamarinos los que terminaron bajando su tercera estrella luego de imponerse el 27 de noviembre de 1976 a Unión por 3-1 en el segundo partido de definición.

Everton había sabido reforzarse rebuscando en las filas del bando enemigo. Su base, asegura hoy Galindo, la integraban curiosamente “jugadores de Unión”. “Llegó Pedro Morales, un técnico ordenado que ya había estado con el Zorro Álamos en la Selección y se tenían aspiraciones, pero no se pensaba que se podría llegar de inmediato. La base era de Unión, con el Flaco Spedaletti, el Negro Ahumada, el Polo Vallejos al arco. Dieron resultado jugadores que se trajeron como José Luis Ceballos y algunos de casa, como Charola González o Chicomito Martínez. Se hizo un equipo como para pelear. Pero nadie pensaba en salir campeones ese año, sobre todo estando Unión Española enfrente”, rememora el lateral, oriundo de Punta Arenas. En la Ciudad Jardín se desató la fiesta. “No se ganaba desde el año 52 en Viña. Y fue una locura. Quizás también porque en Colo Colo estaba más acostumbrado, ése título fue de los más bonitos. La ciudad entera se volcó con el equipo y aquel campeonato quedó en la historia del club. Al menos para la gente que vivió los años 70 y 80. Y ese equipo además jugaba bonito, era agradable ir a verlos jugar al estadio”, ahonda Galindo, situándose a sí mismo fuera de la acción a la hora de hablar de aquel histórico logro, con una distancia al mismo tiempo llamativa y conmovedora.

En 1977 fue Mario Galindo el que se marchó. Ángel Labruna vino a buscarlo para llevárselo a su memorable River Plate, pero el defensor prefirió volver a casa: “El año 76 cambió la ley y pasamos a ser jugadores de los clubes. Yo quedé siendo jugador de Everton, pero Asfura vino a decirme que me querían de vuelta en Colo Colo y también en River. Y yo elegí Colo Colo porque era el equipo de mi barrio en Punta Arenas, era mi casa, yo había nacido en esa institución y supongo que no valoricé el hecho de haber podido jugar en el mejor equipo de River”.

Pocos días antes del arranque del campeonato del 77, y mientras Galindo hacía sus maletas para abandonar viña, en Guadalajara (México) Pancho Las Heras empacaba sus cosas para volver a casa. “Cuando surgió la posibilidad de irme a México, Abel Alonso, que era mi amigo, no puso ningún inconveniente. Pero el año 76 pierde Unión Española el campeonato con Everton y a la semana siguiente me llama Juan Facuse, el gerente técnico, y me dice: ‘Pancho, Abel Alonso me dio la orden de que vuelvas a Unión’. Así que a las dos o tres semanas liquidé todo lo que tenía en México y me vine a Chile. Y el año 77 nuevamente volvimos a ser campeones”, recuerda sonriendo el volante. La revancha se había consumado. El tricampeonato era una realidad en Santa Laura.

Un nuevo capítulo

Consumidas seis fechas de torneo, ni la Unión de Martín Palermo ni el Everton de Vitanima Sánchez conocen todavía la derrota. Pero el rendimiento defensivo de los hispanos, que no han recibido ni un solo gol en lo que va de campeonato, llama la atención incluso del defensor más avezado. “Los equipos se arman de atrás para adelante muchas veces, y si no le hacen goles es porque es un equipo que está trabajando muy bien defensivamente, que no es solamente la parte de los defensores, sino el equipo en su conjunto”, rescata Galindo, antes de valorar también la capacidad de reinvención del cuadro de Independencia: “Unión desarmó su plantel y es un tremendo mérito del técnico volver a tener al equipo peleando el título nuevamente”. Pero a propósito del porvenir de Everton, club con el que fue campeón en el 76, el ex defensor se muestra también esperanzado: “Cuando se hacen bien las cosas desde la parte dirigencial hay más posibilidades. Y Everton con el ingreso de esta gente de México y la idea de juego de su técnico, aspira ahora a más”.

Y Las Heras, quien después de todo no deja de ser -reconoce- “un hincha azul de corazón rojo”, confía en la capacidad de resistencia del actual puntero del Transición pese a que, admite, “no ha jugado quizás óptimo ni de la forma que quizás quisieran los hinchas”: “Yo creo que Unión se puede mantener, aunque en campeonatos cortos no te puedes dar el lujo de perder ni un partido. Pero yo creo que cuando un equipo se acostumbra a ganar, ya no entra al siguiente partido pensando: ‘Ojalá ganemos’, entra pensando: ‘Cuánto vamos a ganar’. De la misma manera que cuando se acostumbra a perder no entra pensando: ‘Ojalá ganemos’, entra pensando: ‘Ojalá no perdamos’”. Y Galindo vuelve a clavar su mirada en algún punto impreciso de la cancha de entrenamiento de Santa Laura. “En aquellos años tampoco faltaban en los camarines las radios a todo volumen con las cumbias”, dice de pronto Las Heras, hojeando una vieja publicación de la revista Estadio.

Cuando cae el mediodía y el entrenamiento de Unión Española termina, Mario Galindo (ex campeón de Everton y copropietario de una empresa distribuidora de mariscos en Independencia) y Francisco Las Heras (ex tricampeón con Unión y pensionista de la industria farmacéutica) se despiden con un afectuoso abrazo. Y el estadio vuelve a quedarse vacío, sumido de pronto en un completo silencio, una vez que los protagonistas se alejan llevándose consigo su historia, la voz de los 70.

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