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Actualizado el 24/03/2013
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La última tentación de Pablo

Autor: Jorge Navarrete

La idea de Longueira de que Golborne y Allamand no vayan a primarias y, en cambio, se midan en la primera vuelta presidencial, no es un exabrupto ni algo descabellado.

CADA CIERTO tiempo Longueira irrumpe en el debate público con alguna idea que desordena los ya no tan disciplinados planes que predominan en su sector. Y aunque su influencia pareciera ser menor que la de antaño, nadie discute que sigue siendo uno de los más influyentes referentes en la derecha. En esta ocasión, y contra todo pronóstico, puso en duda la utilidad táctica de que Golborne y Allamand se midieran en la primaria del 30 de junio y, en cambio, propone que ambos candidatos concurran a la primera vuelta de la elección presidencial que se verificará el 17 de noviembre.

¿Se trata de un exabrupto o una idea descabellada? Para nada. En diciembre de 2005 la oposición de la época utilizó esta estrategia, y la suma de los candidatos Piñera y Lavín superó la votación obtenida por Michelle Bachelet en la primera vuelta electoral. En principio, resulta obvio que cualquier coalición amplía su espectro electoral en la medida que presenta a más de una alternativa.

Una segunda cuestión que probablemente desvela al ministro de Economía es el agravio comparativo que se le podría infligir a su sector con motivo de que todas las primarias deben verificarse en forma simultánea. No teniendo la derecha una cultura política asociada a este tipo de elecciones, el número de personas que podrían concurrir a votar es una incógnita. Si se produjera una diferencia muy significativa entre la convocatoria de la Concertación y la Alianza, o si ésta asimetría se verificara en la distancia de votos que obtuvieran los ganadores de las respectivas primarias, en términos políticos y simbólicos el resultado de la elección presidencial podría quedar sellado ese mismo día.

Hay todavía una tercera razón para pensar que resulta razonable concurrir en forma directa a la papeleta de noviembre, y se refiere a la suerte de los parlamentarios que intentarán representar a la derecha. Los datos de la elección municipal muestran que en varios distritos, y una que otra circunscripción, la oposición podría modificar los resultados que hace años se vienen dando, obteniendo una cómoda mayoría en la Cámara de Diputados y manteniendo su actual ventaja en el Senado. De esta manera, también contribuye a paliar en algo este riesgo, el que la derecha afronte la elección parlamentaria con dos candidatos a la presidencial y no disminuir el potencial caudal de votos que podrían movilizar ese día.

Ahora bien, hay algo que no cuadra. Puestos en la disputa interna, el no participar en las primarias es más funcional a la candidatura de Allamand. Por una parte, éste último es el que necesita más tiempo para remontar la distancia que le lleva Golborne, en la medida que las cifras se han ido estrechando, pero no lo suficiente como para modificar el resultado al 30 de junio. Por la otra, en una elección primaria, a diferencia de la presidencial, tiene mucho más relevancia la máquina partidaria y la capacidad para movilizar electores, cuestión donde la UDI supera de forma considerable a RN.

Puestas así las cosas, es probable que Longueira esté por encima de los cálculos partidistas o, cuestión que no resulta incompatible con lo anterior, sabiendo que perderán la casa, al menos quiera salvar los muebles.

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