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Actualizado el 04/01/2015
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La batalla por Kobane se convierte en el Stalingrado kurdo

Autor: Pedro Schwarze

La lucha para frenar el avance de los milicianos del Estado Islámico ya se prolonga por tres meses.

La batalla por Kobane se convierte en el Stalingrado kurdo

La lucha en la ciudad siria de Kobane (Ain al Arab, en árabe), donde combaten desde hace tres meses milicias kurdas contra los yihadistas del Estado Islámico (EI), ya empieza a ser comparada con la batalla de Stalingrado. Eso por el hecho de que se pelea metro a metro, casa a casa, calle a calle, y porque los kurdos, al igual que los soviéticos en la Segunda Guerra Mundial en su resistencia frente a las tropas alemanas, saben que esta batalla puede ser decisiva para el resto de la guerra. No sólo por la necesidad de derrotar a los yihadistas, sino porque resulta clave en su apuesta por lograr un Kurdistán independiente.

Según algunas fuentes, los combates han dejado más de 1.000 muertos en los dos bandos, en esta ciudad de 44.000 habitantes. Muy lejos de la cifra de muertos que dejó Stalingrado: entre el 23 de agosto de 1942 y el 2 de febrero de 1943, el período en que se desarrolló la batalla, perdieron la vida 1,2 millones de personas.

Pero al igual que la batalla en la ciudad soviética, los combatientes kurdos y los residentes de Kobane han puesto todo de su parte para frenar el avance del Estado Islámico, pese a tener armamento de menor calidad y potencia que los hombres de Abu Bakr al Baghdadi, el máximo líder del EI. “Resistiremos hasta nuestra última gota de sangre. Si es necesario repetiremos la resistencia de Stalingrado en Kobane”, dijo Polat Can, un comandante kurdo-sirio al describir la lucha contra los yihadistas.

Se trata de una batalla donde los kurdos resisten con sus propios medios y con la ayuda esporádica de los bombardeos de la coalición que lidera Estados Unidos y con el lanzamiento de armamento que no pocas veces cae en el lado equivocado. Sólo los peshmergas, la milicia kurda, han movilizado a su gente y unos 150 de esos combatientes llegaron desde Irak a fines de octubre.

Tanto Turquía como las fuerzas del líder sirio Bashar Assad están a la espera del fin de la batalla. El Presidente turco Recep Tayyp Erdogan teme que una derrota de los yihadistas favorezca al régimen sirio y incremente las ambiciones kurdas. Assad, en tanto, prefiere usar sus tropas para defender Damasco que inmiscuirse en Kobane.

Esta semana el Observatorio Sirio de Derechos Humanos aseguraba que “las fuerzas kurdas controlan ahora más de 60% de la ciudad”. Otras fuentes apuntaron que las Unidades del Protección del Pueblo Kurdo (YPG), la milicia kurda que defiende Kobane, ha logrado avances. Sin embargo, el progreso de hoy puede ser retroceso una semana después. No por nada a mediados de octubre se informaba que el Estado Islámico controlaba cerca del 80% de la ciudad.

El simbolismo emocional y estratégico que está marcando la batalla de Kobane extenderá la lucha hasta que una de la partes dispare su último cartucho. Eso porque mientras el Estado Islámico entiende que vencer ahí significaría un triunfo propagandístico enorme y una derrota para Estados Unidos, para los kurdos el triunfo podría ser el reconocimiento internacional a su causa y un paso decisivo para la construcción de su sueño nacional.

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