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Actualizado el 09/12/2012
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Emiliano Vecchio: la joya encontró su lugar en el mundo

Autor: Francisco Siderey

El talento del volante estuvo perdido por años, pese a ser la gran promesa de Rosario Central. En su deambular, jugó con Di María, se probó en Real Madrid y perdió unos dientes.

Emiliano Vecchio: la joya encontró su lugar en el mundo

La jugada no salía. Marcelo Trivisonno la había intentado con varios cadetes de las inferiores de Rosario Central y no hubo caso, hasta que el gordo se puso detrás de la pelota y la picó por encima de la barrera. Cuando el balón cayó en el área, Angel Di María estaba allí, desmarcado, para mandarla a la red. “Todavía me acuerdo del abrazo entre ‘Emi’ y Di María. Fue la única vez que hicimos ese gol en un partido oficial”, recuerda el DT.

“Emi” es Emiliano Vecchio, cuando tenía 15 años y encabezaba una de las generaciones más talentosas que los canallas recuerdan. Guillermo Burdisso (Boca Juniors) jugaba atrás, Ezequiel Videla (U. de Chile) al medio, Di María (Real Madrid) por la izquierda y Milton Caraglio (Rangers ) en punta. “Eramos imparables”, asegura este último, una opinión que es compartida por los entrenadores del club. “Imagínate lo que era esa división. Tenían un equipazo”, agrega Ariel Cuffaro Russo, el técnico que estrenó a Vecchio en Primera con 16 años, el 6 de noviembre de 2005, en un clásico ante Newell’s Old Boys. Hasta ahora se mantiene como el cuarto debutante más joven.

De toda esa camada, el mejor era el volante de Unión Española, incluso por sobre Di María, seleccionado argentino y crack merengue. Ambos todavía conversan de vez en cuando de ese pasado en común, antes que el fútbol los llevara por caminos totalmente opuestos. 

EL LUCHADOR
Aunque está a punto de ganar su primer título de primera, Vecchio luce tan despreocupado como siempre. Se pasea por Santa Laura con un termo de mate bajo el brazo y luce orgulloso sus tatuajes. Uno de ellos lleva el nombre de su esposa, Anabella, con quien espera su primera hija. “Estoy muy contento por el momento que vivo, tanto en el fútbol como en el personal. Me han tratado muy bien en Unión, me han sabido esperar y la mejor manera de agradecer eso sería ser campeón y quedarme acá”, comenta el volante rosarino, cuyo pase es uno de los más cotizados de Chile, pese a que hace poco jugaba en tercera división de Argentina.

A diferencia de su amigo Di María, el “Topo” no tuvo una carrera ascendente y perdió años valiosos en clubes de segunda línea en España y Brasil. “Pudo ser mucho mejor jugador. Tenía todas las condiciones para ser un grande”, afirma Néstor Manfredi, otro técnico que lo dirigió en las inferiores de Central. Trivisonno profundiza en este punto: “Era la joya del club, pero se fue quedando y le perdimos el rastro”.

Como ha sucedido con miles de otros futbolistas, Vecchio llegó arriba muy rápido y lo sabe. Su familia vivía en Barrio Acindar, un modesto sector al sudoeste de Rosario. Cuando tenía apenas 14 años, la muerte de José, su padre, lo obligó a apurarse en la búsqueda del éxito para ayudar a su madre y cinco hermanos. Así firmó con el controvertido agente Juan Carlos Silvetti, quien quiso llevarlo al exterior de inmediato.

El primer intento fue una prueba de dos meses en las juveniles de Real Madrid que no prosperó,  al no concretarse el pasaporte comunitario. De allí rescata haber conocido a Zidane, Ronaldo y Beckham. Su representante pujó por liberarlo y después de apenas 20 partidos y un gol, ya estaba fuera del club de sus amores. “Estuve mal asesorado y me fui muy joven. Todo se dio muy rápido, yo tenía otros tres años de juveniles por delante en Central ”, admite.

Entre 2007 y 2008 probó suerte en Fuenlabrada y Rayo Majadahonda, filial del Atlético, pero no se acostumbró. Posteriormente, fue adquirido por Corinthians, que lo envió a préstamo. Estuvo seis meses sin jugar. Entonces aprovechó su tiempo libre para aprender artes marciales mixtas y pelear en Vale Todo. “Fue un pasatiempo que ya no puedo practicar”, comenta Vecchio, luego de perder un par de dientes en combate. “Fue el momento más complicado de mi carrera, porque llegué ilusionado con jugar y no tuve continuidad. Pero me sirvió para madurar como persona”, confiesa el volante.

Cuando Vecchio volvió a Rosario en 2010, con 21 años, Manfredi lo vio y le dijo que ya no podía desperdiciar más oportunidades. Su peso siempre había sido un problema y hacía falta que se entrenara más fuerte. El jugador siguió los consejos e hizo una gran campaña en Defensores de Villa Ramallo, que con sus actuaciones subió del Argentino B al A. El llamado de Unión Española vino poco después. “Me pone muy feliz que le esté yendo bien. Los hábiles siempre triunfan, porque siempre les queda algo por rescatar”, dice su técnico favorito, Angel Zof, leyenda de los canallas. 

Por su parte, Trivisonno, el del tiro libre preparado, está convencido que el largo proceso de maduración llegó a su fin: “Me parece que encontró su lugar en el mundo”.

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