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Actualizado el 10/11/2013
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El atletismo se lleva en la sangre

Autor: José Contreras

Sebastián Keitel Rondón sigue los pasos de su padre en la velocidad, pero asegura que no pretende dedicarse a futuro al deporte.

El atletismo se lleva en la sangre

“¿Te molesta ser conocido como ‘el hijo de’?”. La pregunta, odiosa en ciertos casos, a Sebastián Keitel (16 años, tercero medio del colegio Verbo Divino) ya no le molesta. “A veces tiene sus beneficios”, dice el hijo de dos ilustres figuras del atletismo nacional, Sebastián Keitel y Lissette Rondón.

Eso sí, reconoce que a veces no le gusta. “En algunos lados te anuncian como Sebastián Keitel junior y como que me da lata porque esperan que gane porque mi papá era uno de los mejores. Hasta se me aprieta la guata”, afirma.

Keitel Rondón pretende sacar esa marca de ser ‘hijo de’, “aunque no ciento por ciento, porque sé que no podré totalmente”, asegura. El atletismo parece un destino natural con sus padres. “Seguí desde chico a mi papá competir en varios campeonatos en el mundo. Hice salto con garrocha desde chico y hace cuatro meses decidí competir en velocidad”, cuenta.

Los resultados en la pista fueron óptimos. En el Interescolar Final Mario Correa Letelier, donde representa a los “Conejos”, ganó los 300 metros planos y fue segundo con la posta 4×100. Tras su triunfo, el padre, sentado en primera fila, bajó a felicitarlo con un fuerte abrazo.

“No me gusta mucho hablar de él”, aclara de entrada el ex velocista, pero igualmente se refiere a su hijo. “Me sorprendí cuando me dijo que dejaría la garrocha y correría. Pese a lo que digan, que puede ser una carga para él su nombre, correr lo ha ayudado mucho. En la garrocha hay más peleas, más egos; en la pista se volvió más social”, explica.

¿Ha tratado de darle consejos? “Al principio sí, pero me enojé y después nunca más. A veces me critica y aunque no me gusta, igual tengo que aprender de su experiencia”, dice el hijo. Su padre asiente: “Trato lo menos posible de meterme en lo suyo”.

Llegar a las pruebas de pista hace pensar que el hijo seguirá los pasos del padre, pero él lo descarta. “Me gusta, pero no lo veo como para dedicarme ciento por ciento. Quiero entrar a la universidad y estudiar medicina”, asegura Keitel Rondón.

Su padre lo alienta: “Es un tipo más claro de cabeza que yo. Por ejemplo, gané mi primera carrera en cuarto medio y al salir del liceo, no tenía idea qué hacer. El ganó su primera en tercero básico y ya sabe cuáles serán sus planes”.

¿Un consejo de experiencia? “Que disfrute. Sólo eso”, apunta el padre, mientras abraza orgulloso a su hijo.

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