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Actualizado el 14/11/2016
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¿Qué hay detrás de las críticas en las redes sociales a los “fachos pobres”?

Autor: Alejandra Jara

“Es una especie de roteo de izquierda”, dice el escritor Óscar Contardo sobre este término que califica como violento. Para el antropólogo Pablo Ortúzar se trata de un insulto que no permite comprender el trasfondo de fenómenos como el triunfo de Trump, y para el sociólogo Alberto Mayol “es altamente probable que sea un uso identificable con el pinochetismo popular”.

¿Qué hay detrás de las críticas en las redes sociales a los “fachos pobres”?

“Las gitanas se roban a las guaguas y las comunistas se las comen”, dijo Don Genaro indignado en un capítulo de “Los 80” emitido por Canal 13. En la popular serie de televisión el actor Fernando Farías interpretaba a un hombre de clase media, dueño de un almacén de barrio, contrario a la Unidad Popular y al comunismo, y acérrimo defensor del régimen militar.

Esta y otras expresiones sacaron más de una carcajada a los televidentes que identificaban en su figura el estereotipo del defensor del orden, la propiedad privada y la figura de Pinochet. Un concepto que, en redes sociales, es manifestado usualmente con una frase: el “facho pobre”.

El votar por la derecha y defender valores como el orden, la seguridad y el control aún son meritorios para que a las personas se les califique popularmente como “fachos”. Aunque para el sociólogo Alberto Mayol se trata de una palabra de uso ambiguo: “Hace alusión al autoritarismo, la defensa oligárquica y también al libremercadismo”, define Mayol.

Sin embargo, esta no es la única expresión para quienes se identifican con estas ideas. Cada vez toma más fuerza la construcción “facho pobre” en Twitter, Facebook e Instagram para referirse a quienes reúnen dichas características, pero que son de un estrato socioeconómico bajo.

Con esta construcción popular, explica el escritor Óscar Contardo a La Tercera, se alude a dos supuestos: “Primero, es que ciertas ideas políticas sólo pueden ser defendidas por personas de la clase privilegiada y -en segundo lugar- que cuando no es así, entonces este supuesto es desafiado por la realidad y estamos ante la presencia de un facho pobre”.

Para el sociólogo Alberto Mayol, “es altamente probable que sea un uso identificable con el pinochetismo popular” y para referirse a personas que “muestran una inconsistencia de clase, haciendo uso de los repertorios clásicos de la oligarquía chilena, sobre todo, a la asociación de pobreza con flojera, pero desde una posición baja en la estructura socioeconómica”, agrega.

Contardo dice que no utiliza la expresión “facho pobre” porque le parece violenta. “Es una especie de roteo de izquierda” donde “se ridiculiza el origen social de la persona”, sostiene.

A juicio del antropólogo Pablo Ortúzar, es un insulto: “Facho pobre declara la sensación de superioridad moral e intelectual de quien lo emite”, dice el director de investigación del Instituto de Estudios de la Sociedad.

“Ser pobre en Chile es demasiado castigo como para además merecer el desprecio de quien tiene una vida más privilegiada”, agrega Contardo.

Según el escritor, “facho pobre” explica el ánimo de menosprecio cada vez más arraigado sobre las costumbres de los sectores populares, lo que tendría relación con la “demonización de la clase obrera” de la que ya habló el sociólogo inglés Owen Jones: la ridiculización y el desdén al pobre como “una conducta aceptada incluso en ambientes progresistas”.

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Cuando el cantante Alberto Plaza reconoció que apoyaba al empresario Donald Trump, horas antes de que se cerraran las urnas en Estados Unidos, su cuenta de Twitter estalló en insultos: “Facho pobre” fue una de las expresiones que se utilizó para criticar su apoyo al republicano.

Contardo se atreve a decir que “facho pobre” es un efecto de la socialdemocracia capturada por el atractivo del mercado.

“La izquierda le dio la espalda a los pobres y ¿qué hicieron ellos? buscaron ser representados por Le Pen, Trump o Boris Johnson. No es casual que las dos comunas más pobladas de Santiago -que no son las más ricas- tengan alcaldes de derecha”, explica.

Aparece entonces un fenómeno que le irrita a la clase media alta progresista, porque lo desconoce. “La reacción, entonces, es desdeñarlo y no preguntarse qué han hecho mal”, dice el escritor.

El antropólogo Pablo Ortúzar coincide con el último punto de este análisis. En una columna publicada en La Tercera, tras la elección presidencial de Estados Unidos, sostuvo que “la mera condena moral e intelectual hacia los votantes de Donald Trump” –basada en el supuesto de que tomaron su decisión producto de la ignorancia y la miseria– “no ofrece ninguna luz” para tratar de comprender lo que ocurrió la noche del 9/11.

“Mucha gente de izquierda piensa que las personas con pocos recursos tienen un deber de identificarse con la izquierda, porque se declara representante de sus intereses. Luego, el pobre que no es de izquierda, desde este punto de vista, sería ignorante y, además, estaría alineado”, argumenta Ortúzar consultado sobre este tema.

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