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Actualizado el 17/01/2018
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Columna de sismología: Vacaciones volcánicas

Autor: Cristian Farías Vega, Geofísico

Columna de sismología: Vacaciones volcánicas

Chile es una tierra de volcanes, pero no siempre estamos conscientes de ello. Muchas veces resulta difícil tener información sobre ellos, y a veces ni siquiera estamos seguros de que un cono que vemos en la cordillera sea un volcán o no. De hecho, nuestro nivel de ignorancia al respecto a veces asusta. Es cierto, casi todos sabemos del Villarrica, pero, ¿sabemos del Quizapú? ¿Y del Peteroa? Recuerden que incluso cuando a mediados del 2017 el Tupungatito tuvo un disparo sísmico, el comentario de muchos era acerca de la ternura del nombre, no estando conscientes de que es uno de los volcanes más activos del país, ¡y justo detrás de la capital de este!

La mejor forma de conocer nuestros volcanes es ir donde ellos viven, claro. Y ese paseo puede traernos un montón de buenas consecuencias. Nos puede ayudar a convertir un paisaje bonito en un lugar con historia, lo que es un primer paso para aprender a vivir con nuestros volcanes y hacernos cargo del lugar donde vivimos. Esta columna trata justamente de algunos volcanes “turísticos”.

Llaima: Está ubicado en el Parque Nacional Conguillío, un sitio cautivador por su belleza, cargada de contrastes y colores. Es de hecho una de las postales de la región de la Araucanía. Pero realmente este parque es un testimonio a la historia del volcán. El mismo que ha tenido tres fases distintas: la primera fue un edificio que fue destruido por una gran erupción. La segunda comienza con unos depósitos volcánicos que llegan hasta Temuco (llamado Ignimbrita Curacautín), y son indicadores de una tremenda erupción (consideremos que Temuco queda a más de 60 km del volcán). Con el tiempo el cono volvió a construirse, y así llegamos a la tercera forma, la del Llaima actual, que es el que hemos conocido en tiempos modernos. Este mismo volcán es el segundo con más erupciones históricas, que han dejado muchos ríos de lava solidificada en torno a él. Además, los depósitos de tefra y flujos piroclásticos generados por sus erupciones han creado un escorial que es un desierto lunar en medio del bosque. Si desean ir, sepan que el volcán lleva 5 años en un estado de quietud, como una siesta. En octubre hubo un pequeño disparo sísmico en él, y nos preguntamos si es que sería un indicador de que el Llaima se había despertado. Pero al parecer fue sólo una levantada para un snack de medianoche, y el gigante ha vuelto a dormir. Ni siquiera tiene fumarolas.

Láscar: Es el más activo de la zona norte de Chile, y uno de los más activos de todo el país. Es uno de esos volcanes que hacen muchas erupciones, siendo un número importante de ellas muy violentas. Además, no parece un cono lindo y simétrico como el Villarrica o el Osorno, sino que su edificio muestra las cicatrices de tremendas explosiones de su pasado. Impacta en particular la de 1993, donde la ceniza volcánica fue arrastrada tan lejos como Brasil, y generó tremendos flujos piroclásticos. Hoy se puede ver al volcán con fumarolas, e incluso se pueden tomar expediciones turísticas al cráter, pero quizás cuesta imaginar qué tan grandes han sido sus erupciones anteriores. Hay pocos volcanes que tengan una historia como la del Láscar, con cinco erupciones fuertes en los últimos 100 años . Su nivel de alerta actualmente es verde, su última fase eruptiva terminó en abril del 2017, y fue poco explosiva.

Laguna del Maule: La zona del mundo que más se está inflando sin llegar a una erupción está ubicada de Talca hacia la cordillera. La Laguna del Maule no ha tenido ninguna erupción en tiempos históricos, pero hoy sabemos que existe un cuerpo de magma muy grande bajo este complejo formado por al menos 130 lugares, a través de los que alguna vez hizo erupción en el pasado. El volumen de este cuerpo es tan grande que podría generar una erupción comparable a la del Monte Santa Helena en 1980 o la del Chaitén en 2008. Sin embargo, no es un supervolcán, y hoy mismo pareciera que al magma “le falta fuerza” para llegar a la superficie en el corto plazo. Este punto del planeta es tan particular que recién la semana pasada se reunió ahí mismo un grupo de renombrados científicos de todo el mundo para hablar acerca de fenómenos de intrusión magmática, que tanto preocupan en otros lugares (como en Yellowstone, por ejemplo). Hoy la Laguna está en alerta verde, lo que significa que su actividad es baja, y no se prevé una erupción en los próximos meses.

Nevados de Chillán: Este es el único volcán de la lista que actualmente se encuentra en una fase eruptiva. En realidad, el Nevados de Chillán es un complejo volcánico formado por 24 conos, y que tiene una gran actividad turística a su alrededor, en particular en las llamadas Termas de Chillán y el valle Las Trancas. Ya con dos años a cuestas de actividad eruptiva menor, hace un par de semanas nos enteramos de un cambio en su comportamiento. Antes, la gran mayoría de las explosiones fueron generadas por el movimiento de aguas termales a altas presiones, que rompían parte del edificio volcánico en su ascenso. Estos fluidos se movieron debido a que el magma, que siempre busca ascender, les traspasó la energía necesaria para ello. Lo que se encontró hace unas semanas fue una fisura en el cráter activo, por la que comenzó a ascender magma muy viscoso. Con los días se formó un domo de lava, algo que puede ser complicado si es que sigue creciendo muy rápido y eventualmente colapsa. Este colapso se ha visto en varios otros lugares, y ha generado flujos piroclásticos que bajan por las laderas, arrasando con todo a su paso. Sin embargo, el Nevados de Chillán está siempre monitoreado, por lo que si algo llega a ser complicado, el Observatorio Volcanológico de los Andes del Sur avisará oportunamente. Además, el cráter activo está en una ladera que da hacia el este, donde no hay poblados cerca. El complejo ahora mismo está en alerta amarilla, con una restricción de ascenso a la zona del cráter.

Villarrica: El volcán más activo de Chile, el más turístico, y el más riesgoso de todos. El Villarrica posee un conducto siempre abierto por el cual el magma puede llegar a la superficie, que genera incandescencia muchas noches del año, y fumarolas casi constantes. Si bien es una tremenda irresponsabilidad el crecimiento inmobiliario a su alrededor (ignorando el potencial destructivo de sus erupciones en muchos lugares), este volcán está tan bien monitoreado que las alarmas se encienden rápidamente cuando sus parámetros normales se alteran, por lo que un visitante debería poder sentir que se encuentra en una situación de relativo control. Lo que sí es crucial es nunca olvidar que el Villarrica está activo, que ha tenido erupciones importantes en los últimos 100 años, y que la última violenta ocurrió en 1971, cuando muchos de nosotros aún no habíamos nacido. Hoy el volcán se encuentra con una recomendación de no acercamiento al cráter principal, lo cual es más que razonable ya que hace menos de un mes estaba en alerta amarilla.

Podríamos estar mencionando muchos volcanes más, como el Osorno y el Calbuco, pero nos extenderíamos por horas y horas más. Como pueden ver, nuestros volcanes tienen diversas “personalidades” y distintas historias. No debemos tenerles miedo, pero si respeto, ya que nuestra seguridad es lo primero. Espero que en sus vacaciones puedan conocer más de uno, y que al verlos recuerden la historia personal de cada uno. Así podremos entender un poco más el país en el que vivimos.

Cristian Farías Vega es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además profesor asistente en la Universidad Católica de Temuco. Semanalmente estará colaborando con La Tercera aportando contenidos relacionados a su área de especialización, de gran importancia en el país dada su condición sísmica. 

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