La dramática realidad de los migrantes que deben cambiar de país de acogida

Alrededor de 30.000 migrantes se concentran diariamente en la ciudad mexicana de Tapachula, en el estado de Chiapas. Foto: Médicos Sin Fronteras

Por diversas razones, la migración es ahora un fenómeno multidireccional. No solo muchos inmigrantes retornan a sus países de origen, sino que también otros tantos emprenden la aventura.


La profesora de Camerún Handy Umar se fue de su país en 2020 acompañando a su pareja que tuvo que huir, debido a que su familia había sido torturada y su iglesia clausurada. Por dificultades económicas, la mujer de 28 años tuvo que quedarse en Nigeria, mientras su novio continuó su viaje hacia Estados Unidos. Sin embargo, fue detenida y tras el pago de una fianza huyó hasta Ghana y luego siguió a Surinam, después Guyana, Brasil, Bolivia, Ecuador, Colombia y Panamá, donde se encuentra actualmente.

“En la selva del Darién fue difícil. El primer día, saliendo de Necoclí hacia Acandí, me fue bien. Sin embargo, durante el segundo día la gente iba caminando más rápido y me quedé atrás, primero con un grupo de haitianos y luego con uno de venezolanos. El segundo día me caí cuando trepaba una montaña y me disloqué la rodilla, el dolor era terrible. Quienes iban conmigo no me ayudaron y me quedé atrás. Un grupo de migrantes venezolanos me ayudó después y me acompañaron hasta lograr cruzar el Darién. Tardamos dos semanas. Cuando llegamos a Bajo Chiquito, ya en suelo panameño, me desmayé. Estuve en el hospital dos meses, me contagié de Covid, perdí todo mi dinero y ahora estoy esperando a que mi prometido me envíe algo de dinero para avanzar y llegar a California, en donde me espera. Queremos un futuro mejor para los dos e iniciar una familia”, dijo Umar a Médicos Sin Fronteras (MSF).

Su historia es el reflejo de la realidad que viven varios migrantes en América Latina y que ha sido constatado por el organismo humanitario. Según lo que han visto en terreno, en la actualidad, “la migración en la región va más allá de un simple desplazamiento lineal desde un país de origen hasta un nuevo destino, sino que es un fenómeno multidireccional que puede implicar movimientos recurrentes entre distintos lugares”. “El retorno de personas migrantes a sus países de origen, así como su readmisión en terceros países y su búsqueda de integración en las sociedades y comunidades que los acogen, forman parte natural de la movilidad internacional”, indicó MSF.

Bajo una carpa de lona, más de 15 personas migrantes esperan ser atendidas por el personal médico de MSF en Matamoros, México. Foto: MSF

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), esto sucede en mayor medida por el aumento de los costos de vida y las altas tasas de desempleo que han dificultado los procesos de integración y reconstrucción de sus vidas en los países de acogida a lo largo de América Latina y el Caribe.

MSF indicó que de las experiencias de los migrantes “ha quedado claro que la contención de migrantes y las políticas restrictivas solamente empeoran las consecuencias humanitarias para la población migrante”. “En tiempos recientes, con políticas como el Título 42 o el Título 8 de Estados Unidos, las cuales endurecen las medidas contra los migrantes, la vida se les ha complicado a miles de personas que cruzan por América del Sur y América Central en busca de una mejor vida. Sin reintegración, vuelven a intentarlo por rutas a veces más peligrosas, poniéndose en riesgo a ellos y a sus familias”, añadió.

“En la mayoría de los países de la región, que hasta hace unos años fueron receptores de migrantes de países como Venezuela, Cuba y Haití, no ha ocurrido una integración efectiva, jurídica ni económica de los migrantes. Debido a esto, en los últimos años se han incrementado tanto los flujos migratorios de retorno a sus países de origen, como también una fuerte corriente hacia otros países, especialmente Estados Unidos”, señaló Marisol Quiceno, representante de incidencia de Médicos Sin Fronteras (MSF) en América Latina.

Eduardo González, quien vive actualmente en Lima, Perú, viajó en 2018 desde Venezuela hasta Chile. Durante su trayecto vivió robos, maltrato en la calle, días sin comer, dormir en parques, caminar cientos de kilómetros. En Iquique, cuando estuvo trabajando en un restaurante como ayudante de cocina, pasó por un episodio que lo obligó a regresar a su país, porque dice que no recibió apoyo ni acceso a la salud para superar esa situación.

Clinton Bozo y sus dos hijos son originarios de Venezuela. Viajaron desde Perú para hacer el trayecto a Estados Unidos en busca de una vida mejor. Durante su consulta, el doctor Rigoberto Sequeira detecta que la hija menor de Clinton tiene una infección de oído. Foto: MSF

“Trabajaba 14 horas al día, muchas veces sin comer, porque la dueña nos lo prohibía. Un día sufrí una deshidratación que me afectó los riñones y me dio un cólico nefrítico; era un dolor terrible. Solo podía ingresar a la residencia en donde me quedaba después de las 12 de la noche, entonces me tocó aguantarme el dolor sentado en la calle. La única forma de que me atendieran en el hospital fue en calidad de habitante de calle y solo me dieron un medicamento para aliviar temporalmente el dolor. Una noche de esas hubo un temblor, se prendieron las alarmas y traté de salir corriendo de la casa, pero el dolor me dejó en el piso. En ese momento decidí regresar a mí país para reunirme con mi familia”, relató.

Mayner Rodríguez, psicóloga de la clínica móvil de MSF en Danlí y Trojes, en Honduras, ha conversado con muchas personas que han atravesado el proceso migratorio en reiteradas oportunidades y se enfrentan varias veces a retos muy duros, como la separación familiar, asaltos y violencia sexual en la ruta.

“En muchas ocasiones, la separación familiar deja huellas emocionales”, afirmó la trabajadora de MSF. “Recientemente vino un chico a consulta psicológica porque sus papás murieron y quedó con sus tres hermanos, cuidándose entre ellos. El hermano del medio era el sostén para los dos, pero tras la muerte de sus padres no tenían cómo subsistir y tuvieron que separarse. El del medio le dijo al mayor: vete con el más pequeño para que lo cuides. Para ellos era muy triste dejar al hermano del medio, pero no tenían más opción. En la sesión el chico me decía que extrañaba mucho a su abuelita y como mecanismo de afrontamiento oraba mucho, todos los días, por sus hermanitos y su familia”, añadió.

Según el último informe sobre Tendencias Globales de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur), dos de cada cinco nuevos solicitantes de asilo en todo el mundo en 2022 procedían de esta región. Y, de acuerdo con Naciones Unidas, las principales regiones de origen de migrantes en Norteamérica son América Latina y el Caribe (25,4 millones, o el 43,2% de la población migrante total), seguido de Asia (17,55 millones, o 29,9%), Europa (6,87 millones, o 11,7%) y África (3,27 millones, o 5,6%).

En América Latina, Médicos Sin Fronteras (MSF) brinda atención médico-humanitaria en países como Perú, Brasil, Colombia, Venezuela, Honduras, Haití, Guatemala, Panamá y México. En 2022, por ejemplo, la organización realizó 67.700 consultas médicas y 8.800 sesiones de salud mental para población migrante en México.

En Haití, por otro lado, la situación de violencia se ha recrudecido, tanto así que tan solo en el mes de julio de 2022 fueron asesinadas más de 300 personas y más de 20.000 fueron desplazadas. En ese país, MSF realizó 45.500 consultas médicas, 5,780 fueron pacientes tratados por violencia física y 2.600 por violencia sexual. En otras zonas álgidas de la región, como la selva del Darién, el organismo humanitario realizó 40.353 consultas por salud física, 2.600 por salud mental y 172 atenciones por violencia sexual.

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