“Corren grave peligro de morir en las próximas horas”: El drama humanitario en Gaza en voz de funcionarios de Médicos Sin Fronteras

Personas reciben asistencia en el Hospital Al-Shifa después de que cientos de palestinos murieran en una explosión en el hospital Al-Ahli en Gaza, el 17 de octubre de 2023. Foto: Reuters

La organización médica y humanitaria internacional advierte que “ya están asistiendo al colapso de la atención al paciente” en el enclave palestino.


Los 20 camiones que transportan ayuda humanitaria entrarán a Gaza desde la península egipcia del Sinaí en los próximos días, según la Casa Blanca, después de la rápida visita de Joe Biden a Israel el miércoles. Biden dijo que Israel había acordado permitir la apertura del cruce fronterizo de Rafah desde Egipto para entregas de alimentos, agua y suministros médicos que se necesitan desesperadamente, con la condición de que Hamas no desvíe la asistencia humanitaria para su propio uso.

La falta de acceso al agua es uno de los mayores desafíos en Gaza, según la organización benéfica internacional Acción contra el Hambre, que alerta de “una crisis sanitaria al borde de la explosión”. La ONU estima que hay menos de 3 litros de agua por persona cada día para los 2,3 millones de personas que viven en el enclave palestino, la mitad de los cuales son niños que corren mayor riesgo de sufrir escasez de agua e infecciones diarreicas.

Bien lo sabe Guillemette Thomas, coordinadora médica de Médicos Sin Fronteras (MSF) para los Territorios Palestinos Ocupados, con base en Jerusalén. En declaraciones enviadas por la organización médica y humanitaria internacional a La Tercera, Thomas da cuenta de la cruda realidad que enfrentan no solo los habitantes de Gaza, sino también los propios profesionales de la salud desplegados en la faja costera.

“Desde la orden de evacuación emitida por las autoridades israelíes, que obligó a más de un millón de habitantes a desplazarse al sur de la Franja de Gaza, la población se ha visto obligada a tomar decisiones extremadamente difíciles entre quedarse o marcharse. Para el personal sanitario esto significaba elegir entre abandonar a sus pacientes a una muerte casi segura o quedarse y arriesgar sus propias vidas”, relata Thomas.

Niñas se sientan en la parte trasera de una ambulancia en el hospital Al-Shifa después de que un ataque aéreo golpeara el cercano hospital Al-Ahli, en la ciudad de Gaza, el 17 de octubre de 2023. Foto: Reuters

Según la coordinadora médica de MSF, “algunos se quedaron y siguieron trabajando a pesar de los riesgos. Estamos en contacto con algunos de nuestros colegas que prestan apoyo a los equipos del Ministerio de Salud, sobre todo en el hospital Al-Shifa de la ciudad de Gaza, donde MSF llevaba años atendiendo a víctimas de quemaduras. Hoy, el personal médico sufre la misma suerte que el resto de los gazatíes: son bombardeados constantemente desde hace 10 días. Nuestros colegas nos cuentan que muchos médicos y otros trabajadores sanitarios han muerto desde el inicio de la ofensiva israelí”.

En una muestra de la gravedad de la situación humanitaria, Thomas asegura que “entre 800 y 1.000 personas resultan heridas cada día en la Franja de Gaza, pero esta cifra solo incluye a quienes consiguen llegar a un hospital”. “Dado que el acceso a los centros sanitarios es extremadamente peligroso y complicado por la escasez de gasolina, solo los pacientes más graves buscan atención hospitalaria. Desde el comienzo del conflicto, más de 9.700 personas han resultado heridas. Me temo que estas personas corren grave peligro de morir en las próximas horas porque se les está haciendo imposible recibir atención médica”, advierte.

“Ya estamos asistiendo al colapso de la atención al paciente. El personal médico ya no puede tratar a la gente ni admitir a nuevos pacientes como es debido. Todo se hace en condiciones paupérrimas, con escasez de personal, medicamentos y equipos médicos. Hay un flujo constante de pacientes y heridos graves, con heridas traumáticas complejas, quemaduras, fracturas y miembros aplastados”, prosigue.

“En mi opinión, es vital que los hospitales vuelvan a funcionar. Para ello hay que garantizar un alto el fuego regular que permita la llegada masiva de medicamentos y combustible. Si nos quedamos sin medicamentos para anestesias, los cirujanos se verán obligados a interrumpir las operaciones”, señala Thomas.

Un diagnóstico que comparte el Dr. Nedal Abed, cirujano ortopédico de MSF que se desempeña en el hospital Al-Shifa, el principal de Gaza. “El sector sanitario está a punto de colapsar. Es inminente. No sé cómo vamos a gestionar el enorme número de personas heridas. Ahora mismo tenemos más de 3.000 pacientes heridos. En nuestro hospital, en un día normal, nuestra capacidad máxima es de 700 camas”, relata en una declaración enviada por MSF a La Tercera.

Abed cuenta que algunos pacientes gravemente heridos se encuentran en la unidad de emergencias esperando a ser operados, “pero no tenemos espacio para ellos (para hospitalizarlos) en este momento”, se lamenta. “La mayoría de los pacientes heridos son civiles, niños y mujeres. Estamos trabajando bajo mucha presión. Contamos con un equipo médico muy limitado. Incluso en MSF abrimos nuestros almacenes para el Ministerio de Salud en Gaza”, comenta.

Miembros de un equipo de emergencia civil palestino oran cerca del cuerpo de uno de sus colegas, que murió en ataques israelíes, en el hospital Al-Shifa, en la ciudad de Gaza, el 16 de octubre de 2023. Foto: Reuters

Las precarias condiciones de trabajo y el ultimátum dado por las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) solo agregan más estrés al personal sanitario, denuncia el cirujano ortopédico de MSF. “No hay electricidad. No sabemos cuánta gasolina queda (para hacer funcionar los generadores). Es una cuestión de tiempo (antes de quedarnos sin electricidad)”, advierte.

Y agrega: “No hay espacios seguros fuera. Tenemos a más de 40.000 civiles que vinieron al hospital buscando seguridad. El Ejército de Israel ordenó la evacuación de todos los hospitales en Gaza. Esta orden no tiene sentido porque más de 3.000 pacientes heridos no pueden ser evacuados a ningún sitio”.

Guillemette Thomas también hace foco en ese punto, al recordar que “el hospital Al-Shifa acoge ahora a miles de personas que acudieron allí buscando protegerse de los constantes bombardeos. Mientras Gaza está a oscuras, Al-Shifa es uno de los pocos lugares que aún tienen electricidad, aunque el combustible solo durará otras 24 horas como máximo”.

En un resumen de la crítica situación, la coordinadora médica de MSF advierte que “sin electricidad, muchos pacientes morirán, sobre todo los que están en cuidados intensivos, neonatología y con máquinas de respiración asistida. Los pacientes con enfermedades crónicas, como diabetes y cáncer, y las mujeres embarazadas también corren peligro debido a la escasez general de medicamentos”.

Corroborando el sombrío diagnóstico elaborado por Chiara Saccardi, responsable para Medio Oriente de la ONG Acción contra el Hambre, quien alertó que “muchas familias de Gaza están recurriendo a fuentes de agua no potable”, situación que “las pone en riesgo inminente de deshidratación e incluso de un brote de enfermedades infecciosas como el cólera”, Guillemette Thomas reconoce que “hemos llegado a un punto en el que el agua es nuestra principal prioridad”.

“En la actualidad se calcula que el 60% de los habitantes de Gaza, más de un millón de personas, viven a la intemperie, sin acceso a agua ni atención sanitaria. No hay asistencia sanitaria básica porque las clínicas están cerradas y las condiciones higiénicas son muy deficientes. Además de los heridos graves, corremos el riesgo de asistir a una oleada de enfermedades relacionadas con las malas condiciones de vida: enfermedades como la diarrea, las infecciones respiratorias y cutáneas y la deshidratación pueden desarrollarse rápidamente y poner en grave peligro a los más vulnerables, entre ellos mujeres y niños. La mitad de la población de Gaza tiene menos de 18 años. Sin embargo, no queda ningún sistema sanitario para atenderlos”, denuncia.

Palestinos que huyeron de sus hogares debido a los ataques israelíes, descansan mientras se refugian en el hospital de Al-Shifa en la ciudad de Gaza, el 12 de octubre de 2023. Foto: Reuters

Una situación que Israa Ali, traductora de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Jabalia, en el norte de Gaza, sufre en carne en propia. Israa lleva días desplazada por los bombardeos y comparte su experiencia refugiándose con sus hijos bajo los bombardeos.

“Me faltan palabras para describir un día en la vida de la gente de Gaza en estos momentos. La mañana empieza básicamente cuando nos despertamos. Damos vueltas en la cama e intentamos dormir un rato, pero el ruido de los bombardeos no nos deja”, relata.

“Estamos despiertos, escuchando las noticias en la radio. En esta era moderna, deberíamos tener electricidad y acceso a internet, pero nuestros teléfonos están muertos. Corremos a ver si hay combustible para encender el generador, y entonces nos damos cuenta de que el generador también está muerto”, detalla en su testimonio.

“Entonces, reconocemos que vivimos en una Gaza sitiada. La voz de mi hijo me llega imprecisa y sus palabras poco a poco se van aclarando: ‘Mamá, tengo hambre, quiero desayunar’. Mientras preparo el desayuno con las mínimas provisiones, empiezo a culparme por haber tenido hijos y haberlos traído a un mundo con condiciones tan terribles y guerras frecuentes, especialmente esta miserable guerra”, señala Israa.

Un temor que se intensifica al anochecer, cuando “los drones israelíes, los aviones de guerra, los buques de guerra, los cohetes pesados y las bombas se extienden como un reguero de pólvora”, relata la traductora de MSF. “Después de intentar calmarme y calmar a mis hijos, que se despiertan muchas veces llorando, pienso en mi padre, mi madre y mi familia, que se refugian lejos, pero en las mismas circunstancias. Intentas pensar en positivo, en que están lejos de los objetivos de las bombas, pero es en vano. Estaré preocupada hasta que escuche sus voces”.

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